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17 abr. 2019

Celebrar los fantasmas: Julio y Agosto en La Tangente

Flores en el escenario. Flores en la portada. Primavera por doquier. En un ambiente relajado con centenares de luces como constelaciones, un clima cálido acogió a los espectadores que, con la excusa del frío repentino, se dieron cita el jueves anterior en La Tangente para una celebración, con motivo de la primera de las dos funciones que brindó Julio Y Agosto. (Crónica: Florencia Bertoncini)


El público impaciente se extendía por todo el lugar, ya sea en las pequeñas mesitas dispuestas cual café parisino o en el suelo en plan desestructurado. De repente se escuchan sonidos de naturaleza ¿Selva? ¿Bosque? Elige tu propia aventura. Aparecen siete personales vestidas de riguroso traje y vestido. Celebrar como estandarte.

“Estos últimos años se nos han presentado muchos fantasmas. Accidentes, problemas personales…gracias por estar acá” comenzaron. Las primeras notas de dos violines crearon una especie de marcha fúnebre que dejó a las cuerdas como únicas protagonistas. Los coros livianos fueron haciéndose cada vez más divertidos y borraron todo atisbo de duelo para recibir a Avenida San Martín (El Movimiento). El público inquieto del piso amagó a levantarse hasta que la banda pidió que lo hicieran de una vez. La fiesta iluminó el lugar.

Mucha batería y bajo condimentaron la bienvenida a El Movimiento. El trombón y las luces turquesas y de tonos violáceos invitaban a bailar. Pero un tono oscuro y lúgubre se depositó sobre el recinto. Personas disfrazadas de fantasmas aparecieron y llamaron a pensar en nuestros miedos.

El momento de reflexión permitió que todos los músicos (Santiago Adano, voz y guitarra; Leandro Aspis , trombón, voz, sintetizador y coros; Miguel Canevari, voz y guitarra; Luciana Cúneo, violín, mandolina y coros, Manuel Katz, violín y coros; Juan López Peña , batería y coros y Marcelo Canevari, bajo y coros) gritaran “Váyanse de aquí” a los espectros que rodeaban al septeto.


Porque La Celebración, su más reciente trabajo, no solo es especial por estar divido en una trilogía de capítulos que resumen etapas y vivencias del grupo sino que es un canto a esa materialización espectral de los miedos. A ese temor de que son seres que podrán con nosotros y sucumbiremos a ellos. Para la banda, no es tan así. La celebración es un canto a los fantasmas. Es aceptarlos y los conquistarlos, y no al revés. Tal vez por eso, durante ese instante, los fantasmas se situaron detrás de cada integrante, creyendo que eran más poderosos para al final quedarse mirando al cantante gritarles las palabras a coro con el resto de los músicos. Los miedos deambulan porque ese es su trabajo, se posan sobre nosotros para que los superemos. Celebrar los fantasmas como modo de aceptación es el fin para poder decir “mirá quién no te teme ahora”.

El repaso discográfico siguió con La Niebla y La Autopista (disco homónimo) y trajo consigo la balada Era Tarde, del mismo disco. Les siguió El Nudo y un bellísimo cover de In The Airplane Over The Sea y El Futuro.

Subieron al escenario Vicky Fernández y Charle Balerio y siguieron la línea temática de La Celebración cantanto “Amigo por favor no llores, amigo queda mucho por limpiar” en Amigo (La Niebla y La Autopista)

Llevame (La Niebla y La Autopista) coronó el show pero no lo finalizó ya que, sin dudas, el mejor momento vendría con la bajada de los músicos del escenario para hacer una ronda con la gente y simbolizar aún más su visionaria despedida como una celebración.

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