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6 oct. 2018

La moralidad de El Ángel


Desentrañamos los secretos filosóficos que esconde la película biográfica del asesino Carlos Robledo Puch. 
Por: Luciano Capristi

No es la primera vez que el cine argentino brinda el punto de vista de los “marginados”, los “indeseables”, un claro ejemplo es Nueve Reinas o Pizza, Birra y Faso. Pero la reciente película de Luis Ortega dejó un debate y una reflexión que va más allá de la ética.

El joven enrulado, con aires de una publicidad de perfumes, camina tranquilo hacia una casa ajena sin el permiso de los dueños, infringiendo las leyes de la propiedad privada. Es libre. Según dicen algunas personas, la moral “es una construcción social”. Pero, si bien las leyes y la idea de lo correcto se imponen a través de los aparatos sociales, hay decisiones individuales que dependen meramente de nuestro juicio. No todo está construido, sino que se crea en el transcurso. 

Pongamos como ejemplo “la evolución”, por decirlo de alguna manera, del protagonista. Lorenzo Ferro encarna de manera notable a Robledo Puch que inicia su historial criminal robando cosas innecesarias, ya que no le falta nada sustentable. La necesidad es un factor crucial a la hora de justificar los actos pero: ¿Se pueden justificar diez homicidios calificados, intentos de violación, raptos y hurtos?

A medida que avanza la película observamos que el chico de 20 años asesina como si fuese una solución fácil a cualquier posible “obstáculo”. Se lo podría etiquetar como un cleptómano y un asesino en serie. Cualquier definición podría ser válida, pero hay que tener en cuenta que Puch era consciente y su mente escapa a las etiquetas sociales. Sus acciones por otro lado, tienen consecuencias. 

“Vil como soy”, dice uno de los personajes en libro El idiota, del ruso Fiódor Dostoyevski, quien reconoce su perversidad. El que profundiza mejor este tema es el filósofo Jaime Balmes, el cual dice que la ética está emparentada con la capacidad racional y que un orden moral es inevitable.

El extraño de pelo largo es el mayor hit que tuvo la banda de rock La guardia joven en 1968, logrando vender más del millón de copias. Este fue el tema principal que iba acorde con la época y el personaje, ya que la canción especifica que “inútil es que trates de entender o interpretar quizás sus actos”. El soundtrack fue acertado, conteniendo temas de Astor Piazzola, Palito Ortega y Pappo, que acompañan escenas específicas. 

La dirección es excelente pero no se centra en construir una narrativa solida o clásica, sino que opta por tratar varios momentos surrealistas que buscan incomodar. El testículo en pantalla gigante es una decisión agrede que el espectador no se espera. Lo mismo ocurre con la primera víctima, a la cual vemos desangrar durante un extenso periodo. 


Sin dudas Puch es un monstruo. De igual forma hay una tendencia en la sociedad de empatizar con los villanos. Tengamos en cuenta que la película trata de que sintamos una cercanía con “El Ángel de la Muerte”, que también come milanesas con puré. Antes se aspiraba a “los superhombres”, “los héroes”, como una meta utópica. Parece que hoy es más interesante mirar la perspectiva de los malos. 

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