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14 sept. 2018

30 años de Bersuit Vergarabat: cumpleaños de la cabeza


En la primera de las dos noches que servirán para el festejo de La Bersuit, repasaron la mitad de sus discos e hicieron saltar y bailar a todxs lxs presentes.
Por: Sari Odello / Fotos: Lucas Larravide

Los cumpleaños son siempre ocasiones que me entusiasman. Mucho. Por demás, dirían algunxs amigxs que han sido mis víctimas cuando sus ganas de celebrar bajaban cual reservas del Banco Central, y yo me encargaba de organizar desde el evento en Facebook hasta los colores de los vasos a usar. Hay años que son especiales: el primer año, los 15 para las pibas, los 18 para los pibes (todo bien heteronormado, ¿no?), los 21 cuando antiguamente nos volvíamos sujetos de derecho, el cuarto de siglo y, sin lugar a dudas, los 30.

Los 30 años vienen aparejada por lo que se conoce comúnmente como “la crisis de los 30”; y esa crisis tiene, al menos una explicación astral: la mayoría de las veces, coinciden nuestras licuadoras mentales por la entrada a la tercera década con “el retorno de Saturno”. Es decir, el gigante de los anillos vuelve a estar en la posición en que se encontraba al momento del nacimiento del cumpleañerx.  Y no vuelve pidiendo permiso, sino que podríamos decir que Saturno se asemeja a Christine Lagarde: viene a pedirnos que nos pongamos las pilas, pero también nos deja a cuenta algún que otro fruto de lo sembrado. 

Nada tiene que ver que maneje esta información con que me sienta en el medio de un Florence emocional, psicológico y social. O sí. La cosa es que pensaba todo esto mientras esperaba que llegara Larry, mi dupla de trabajo (pueden ver sus fotones en la nota y en el Facebook de Vecinos) para entrar y ver qué nos deparaba la fiesta de cumpleaños de Bersuit Vergarabat.

El primero de los Vorterix de festejo por los 30 años de música de la cabeza de Bersuit, me agarró mirando los minutos arriba de un 42 después de salir de terapia, esperando que los cumpleañeros nos esperen para arrancar el baile. La fiesta arrancó ni bien pasamos la puerta del teatro, 21:03 minutos, cuando sonaron los primeros acordes de El baile de los muertos vivos. Abajo del escenario se mezclaban las camisas y los pantalones pinzados salidos de la oficina, y los fanáticos lookeados con sus piyamas y sus toppers, todxs bailando y empezando a levantar la temperatura del lugar; arriba del escenario, el Condor Sbarti y Dani Suárez con las voces al frente y vestidos de gala para la ocasión (las camisas de piyama esta vez fueron un saco y un chalequito muy pitucos), Alberto Tito Venezuela en la viola, Pepe Céspedes en el bajo, Carlitos Martín en la batería y el maestro Juan Subirá en los teclados y la magia. La fiesta arrancaba con la vara muy alta.

Se iba acomodando el público, aquellxs que agitaban en el centro de la pista y el resto de nosotrxs, quienes sólo movemos nuestro cuerpo casi en el lugar, al costado y atrás. Y si tuviéramos que definir una franja etaria de lxs presentes, me arriesgaría a decir que quienes estábamos ahí andábamos por nuestros últimos veintis y la primera mitad de los treintis. Era un cumpleaños “de gente grande”.

Esa noche, el viernes 6, la banda tocó temas de Hijos del culo, La argentinidad , Testoterona y La nube rosa. Entre temas elegidos estuvieron Espíritu de esta selva, Ruego, La Calavera, Veneno de Humanidad, La Soledad y El baile de la gambeta. También tuvieron su momento de micrófono Tito, al mando de Diez mil, Ades tiempo y Luna hermosa. La gente vivava a Tito, como en cada recital de Bersuit al que he concurrido, pero él disparó: “Para mí, viene Charly, Spinetta y Zubirá”, haciendo un gesto al músico que sonrió al igual que todos los integrantes de la banda, entre miradas cómplices y aplausos.  

También sonaron No te olvides, Barriletes, Negra murguera, Esperando el impacto, Sencillamente, No vengan (con su autor Carlitos Martín en la voz), Morocha, La Argentinidad al palo, La Bolsa, Lo que más busco y Qué pasó. La sorpresa de la noche fue sin dudas Mi caramelo, tema que arrancó con Dani diciendo: “Esta canción siempre fue de ustedes”. Me quedé muy sorprendida de que, durante todo el recital, el sonido estaba muy ajustado y todos los instrumentos se escuchaban perfectamente, sin saturar con las voces ni entre ellos. Punto (de los que no abundan en esta materia) para el Vorterix.


Lista larga la de esa noche, aunque el público se quedó con ganas de cantar Sr. Cobranza (ya habíamos entonado MMLPQTP, pero pareciera que el clima de época nos lo pedía), por lo que cantamos a viva voz, como esxs fiesterxs que no quieren irse del lugar a pesar de estar prendidas las luces. Y si bien nunca fui de escuchar Bersuit, me di cuenta que forman parte de la banda de sonido de mi vida: a medida que pasaban los temas iban apareciendo recuerdos conectados directamente a esas melodías. 

Así y todo, nunca descarté que eran y (como quedó demostrado el viernes) son una de las pocas grandes bandas argentinas que siguen tocando y que siguen siendo grandes. No tengo dudas de que habrán tenido que pagarle (incluso con creces) algún que otro karma, pero si Saturno tuvo que ver con la energía festiva y el amor por la música que se vivieron el viernes, que siga dando vueltas alrededor de Bersuit Vergarabat todas las veces que quiera.

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