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17 ago. 2018

DLSO en Teatro Sur: la Siesta que soñamos despiertxs



La banda de La Plata se presentó en Pompeya para seguir girando Siestas en la cima.
Por: Sari Odello / Fotos: Flor Nieves

Heredé la costumbre de la siesta por ósmosis. En Hinojo, el pueblo del cual soy oriunda, ese tiempo muerto desde que termina el almuerzo y hasta que vuelven a abrir los negocios llenaba de ansiedad y de aburrimiento las tardes libres de mí infancia. Fue recién en la adolescencia cuando empecé a zambullirme en la cama y despertarme para merendar, o para conectarme al MSN (pueden levantar la sota que se me acaba de caer). Hoy, a mis casi 30 años y llevando 10 trabajando de 9 a 18, echo de menos esas 2 horas de desconexión a mitad del día. Por eso aprovecho los fines de semana para entregarme a esa experiencia onírica. Eso mismo fue lo que hice el sábado cuando fui a ver la presentación del nuevo material de Don Lunfardo y El Señor Otario.

La banda platense se presentaba en Teatro Sur con su nuevo disco, Siestas en la cima, que se hizo esperar casi 9 años, contando desde el lanzamiento de Paracaidistas en franco retroceso. Luciano “Chino” Angeleri, líder de la banda, expresó en una entrevista en el año 2017 que se estaban tomando el tiempo para volver a grabar de manera íntegra y novedosa, que es la manera que siempre tuvo la banda de llevar adelante su nave. Fue en ese año cuando volvieron a tocar después de un parate que duró al menos 2 años, saliendo a girar en distintos puntos del país, como lo fueron Córdoba y Mar Del Plata. En la espera del nuevo disco, Don Lunfardo fue dejando caer algunos temas en las redes, como lo fue Tan gil como el destino, en 2015, Bocha de Cristal en 2017 y ya Acupuntura para la mente y Yugarla recién entrado este año.  

Siestas en la cima recupera de algún cajón los acordes y las composiciones tradicionales del rock rústico de la banda. A diferencia de Fotógrafos del abismo o de Paracaidistas, cada tema aparece como una pieza en sí misma, autónoma de la otra, tanto en palabras como en sonidos, lo cual me llamó la atención, dado el TOC que manejan en torno a cada producción que generan. Sólo resta esperar tener en las manos el disco en formato físico, que será en una caja de cerámica, que guardará toda la magia de las nuevas melodías, producidas en el sonido por Martin Carrizo.  

La luna se había posado sobre los techos de la silenciosa Pompeya, y la noche inesperadamente primaveral en pleno agosto, se sentía tanto afuera como en el interior de Teatro Sur. Días antes del sábado, había leído el flyer de la fecha con desconfianza: “Puerta 22 hs. Show medianoche”. Dejé de lado mi obsesión por los horarios y la puntualidad, y le dí un voto de confianza a mi intuición, que se alimentaba de experiencia previa: Don Lunfardo no subiría al escenario antes de las 1:15 de la madrugada. Y así fue.
Minutos antes de las 1:30 de la madrugada la banda se plantó en el escenario rompiendo el bullicio de un público revoltoso que flotaba entre nubes de humo dulce que aspiraban de mano en mano. El viaje empezó con Yasco, generando corridas para adelante, saltos y pogo: arrancaba la siesta que nadie pensaba dormir.

La lista de temas se fue tejiendo con canciones nuevas y viejas que se entrecruzaban, cambiando los climas y los colores de las luces del escenario, que siempre apuntaban al público, a contrario de lo que sucede en la mayoría de los recitales, donde los iluminados son los artistas. Fue quizás para que se luciera la gigantesca pantalla del fondo del escenario, donde se proyectaron diferentes imágenes, videos y colores mientras la banda sonaba. El flash, como siempre, lo invita Don Lunfardo.

De las canciones nuevas, sonaron Coto de Caza, Fuego en las montañas, Yeiyeiyeiyity; del lado de las clásicas, Fotógrafos del abismo, Solíamos terminar en vuelos; en el medio, quedó Tan gil como el destino. Las luces se reflejaban en los espejos que decoran las paredes arriba de las barras, a ambos lados del lugar y sentía que algo que faltaba: eran las banderas, que salieron de algunas mochilas como por arte de magia para decorar Cosmonautas.

La banda cortó por 30 minutos en los que el público se entretuvo cantando la ya generalizada oda al presidente de la Nación, MMLPQTP, como así también pidiendo por el aborto legal en el hospital. Lxs pibxs se volcaron a reunirse en pequeños grupitos, a sentarse en el transpirado piso o aglutinarse en las barras en busca de algo fresco. La segunda parte del recital quedó inaugurada con Siestas en la cima (tema que le dio nombre al disco), acompañada por Neblinas y Yugarla. Tuvieron también su lugar CK, Paracaidistas en franco retroceso, Respirar es lo de menos (con una intro renovada de violas y tambores), Acupuntura para la mente, Caracol (lo que fue, para mí, la revelación de la noche) y una versión pesada de Rambo es Gay

Antes de cerrar la fecha, el Chino agradeció a sus familias que siempre los acompañan,  anunció el próximo encuentro: 6 de octubre en San Justo, y sentenció: “Vamos a volver a tocar en lugares chicos”. La noche cerró con Negros y, como siempre, pegadito, Pogo. Cuando terminó el recital, tenía la remera transpirada, a pesar de no haber casi participado en el agite de la noche. Ya camino a mi casa, me rescaté que no había rescatado mi Rescatate!, fanzine con apuntes, dibujos y modo de promoción de las fechas que tiene Don Lunfardo.  


En mis años de recitales, que ya suman 10, he escuchado miles de bandas hablar de la “autogestión” y de la “independencia” en el rock. Y fueron la mayoría de esas bandas que se cagaron en esos conceptos, en esa quimera y entregaron sus banderas por la puta teka, esa que nunca será del todo suya; todo por tener un prensero, por tener una productora, por tener un camarín con birra gratis, por tener un disco donde se puede leer “prohibida la venta y/o reproducción total o parcial…”; todo para ser un producto más del marketing de la rebeldía playmovil, que tanto nos tienen acostumbradxs la industria. Don Lunfardo y el Señor Otario es, para mí, el bastión a esas dos palabras entre tanto careta disfrazado de rockero, entre tanto acento de porteñxs y tanto cuervo alrededor.  

Como alguna vez escribí, puedo decir que el under sigue vivo porque existe esta banda, que mantiene la llama de propuestas innovadoras y autónomas, donde cada recital se convierte en una experiencia sensorial íntegra, con muchísima gente poniéndole tiempo, energía y corazón a que cada vez que elegimos una fecha, no podamos olvidarla.  Los pibes de las diagonales me demostraron, una vez más, que, en las siestas, es mejor estar despierta y con los ojos abiertos (de par en par).

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