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7 ago. 2018

América latina va a ser toda feminista: la marea verde llegó a otros puertos


Por: Rocío Magalí / Fotos: Dani Artigas y Juli Alfei

Latinoamérica fue, como bien sabemos, territorio de conquista. Hoy, es de conquistas. Año a año se van conquistando nuevos derechos en los países que forman parte del 3er mundo: leyes de identidad, educación sexual, planificación familiar entran en auge con la llegada del siglo XXI. De la mano de los movimientos sociales, la misma sociedad es la que avanza en la construcción de Estados que otorgan más derechos y gobiernan para el pueblo. 

En Argentina tenemos muchos a lo largo de nuestra historia, tanto del siglo anterior (Madres y Abuelas de Plaza de Mayo) como este (trabajadores desocupados, “piqueteros"). Actualmente, el que mayor auge tiene es el movimiento feminista. En nuestro país, la organización de las mujeres que reclaman por sus derechos, saliendo a la calle tras cada feminicidio, es reconocida a nivel mundial.

Y como todo movimiento social, lo más importante es que sea multitudinario.

La cuarta oleada feminista 

El feminismo fue, paulatinamente, invadiendo cada país en donde las mujeres notaron que las cosas iban mal. Desde la brecha salarial entre hombres y mujeres, el pink tax, la trata de blancas y la cantidad de asesinatos de mujeres por el simple hecho de serlo, cada vez había mayor cantidad de problemáticas que sólo las afectaban a ellas. Vivimos en una sociedad donde es más común violar los derechos del “sexo débil” que garantizarlos, por eso la organización y la necesidad de constituir una nueva oleada de feminismo surge alrededor del mundo. 

Las diferentes olas del feminismo nos han incluido en la sociedad en derechos que tenemos tan arraigados, que parece primitivo que no se nos hubieran otorgado antes. Brevemente, estos son los reconocimientos otorgados a las anteriores: la primera oleada nos facilitó el acceso a la educación, la segunda nos otorgó el derecho a votar mediante el sufragio universal (que fue dándose en distintos años alrededor del mundo). La tercer ola es en donde se visibilizan las libertades sexuales e identitarias, haciendo hincapié en “género” y “sexo”. 

Actualmente, estamos ante la cuarta oleada feminista. No podemos definirla en conceptos bases, ya que alrededor del mundo están en pugna las reivindicaciones de derechos ya adquiridos y la consolidación de otros que parecían, hasta hoy, lejanos de alcanzar. Hay países donde se reclama por la autonomía de la mujer ante su esposo, el derecho de ser responsable legal de sus hijos, mientras que en otros se busca que se deje de decir que el padre ayuda a la madre cuando se hace cargo de sus hijos, ya que esa es una responsabilidad parental. 

Así mismo, alrededor del mundo se busca romper con los estereotipos que encadenan a las mujeres a un tipo de vestimenta y un tipo de cuerpo aceptado en sociedad. Se plantea la salud por encima de la belleza, la autonomía de los cuerpos y la necesidad de tener una justicia anti patriarcal que resguarde los derechos de las víctimas de violencia de género, mediante condenas efectivas.

Hay casos, como este último, en los que alrededor del mundo nos encontramos igual: en Estados Unidos actrices famosas impusieron el #MeToo, contando acosos y abusos que sufrieron dentro de la industria cinematográfica para demostrar a quienes los atraviesan diariamente que no están solas. En España, con el reciente caso de La Manada el movimiento feminista se movilizó alrededor del mundo con la consigna “la manada somos nosotras”, manifestándose en contra de la sentencia que anunciaba a los cinco violadores como “abusadores”. Mediante las redes sociales, el caso se hizo viral, y gracias a la sororidad feminista varios casos más han salido a la luz. 

Las mujeres sabemos que ya no estamos solas: nos tenemos a nosotras. Tenemos al colectivo feminista, formemos parte o no de él. Salir a la calle sirve para visibilizar, en nuestro caso cada #8M o #3J se dice que “paramos el país”. El paro general de mujeres tiene como fin la consigna “si nuestra vida no vale, produzcan sin nosotras”, como respuesta a la gran tasa de feminicidios que ocurren en Argentina (muere una mujer por su condición de mujer cada 18 horas) y la falta de acción jurídica por parte de jueces, policías y demás participantes de la burocracia penal.

Aborto legal en cualquier lugar

En estas movilizaciones multitudinarias, hace tiempo que un pedido resuena por sobre los demás: el acceso al aborto, permitiéndonos decidir sobre nuestro cuerpo. El proyecto de Ley por la Interrupción Voluntaria del Embarazo fue finalmente aceptado en el Congreso, siendo tratado en la cámara de diputadxs el 13 de junio

La campaña por el acceso al aborto legal, seguro y gratuito – acompañada de la consigna “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legar para no morir” fue entendida por las feministas y los cuerpos gestantes como una problemática de salud pública, la cual debía convertirse en un derecho en cada una de las partes que nombra su consigna: educación sexual integral, acceso a métodos anticonceptivos y la libre elección de abortar en caso de, aún con los anteriores, haber quedado embarazada sin desearlo. Porque todxs sabemos que los anticonceptivos no son 100% eficaces, por lo que el riesgo aparece en cada relación sexual que consumamos. Y dejar de disfrutar de nuestra sexualidad no es una opción.

Que el proyecto sea tratado en el Congreso fue una conquista de las compañeras, por su organización. Acompañaron la campaña con un pañuelo verde que pasó a la historia, como el de las abuelas de la plaza que nombraba al principio de la nota. En el debate de diputadxs, Gabriela Cerruti dijo: “Somos hijos de viejas locas de pañuelos blanco y madres y padres de locas de pañuelos verdes”, avalando la revolución de las hijas, como se nombró en reiteradas notas a las adolescentes feministas que son protagonistas de esta lucha. 

Luego de haber obtenido media sanción, Argentina festejó. Y Latinoamérica se organizó. Teniendo como antecedente a nuestro país vecino, Uruguay, donde el aborto se encuentra despenalizado desde el 2012, y ahora a Argentina que está a días de que sea aprobado en ambas cámaras, en el resto de los países las mujeres decidieron organizarse. Ya en nuestras embajadas habían salido a manifestarse en apoyo a la vigilia de 18 horas que acompañó a la sesión histórica, viendo como resultado la media sanción, el pañuelo verde se transformó. 

Otros países latinoamericanos decidieron formular sus campañas y realizar sus propios pañuelos para llevar a todos lados, con el fin de demostrar que la despenalización debe ser algo que se de en los demás países, ya que se trata de la autonomía de los cuerpos gestantes y, por sobre todo, terminar con las muertes que son causadas por abortar en malas condiciones o sin información.

Ahora vemos pañuelos bordó en Chile, naranjas en Colombia, blancos en México y rosas en Perú. Atados en las mochilas, al cuello, en la muñeca, en los cuerpos gestantes y en quienes apoyan el derecho a decidir. La marea verde argentina está llegando a lugares impensados. El feminismo es un movimiento que atraviesa fronteras, y la proclama del día de hoy es sencilla. 


En América Latina se grita lo mismo: la maternidad será deseada (o no será).

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