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5 jun. 2018

#NiUnaMenos: verde el paño de la libertad.


Un relato de nuestro staff con respecto a la fecha importante que se vivió ayer en todo el país.
Por: Sari Odello / Fotos: Juli Alfei y Dani Artigas


Le daba vueltas al expediente que tenía en el escritorio. Me había mentalizado en que iba a estar como mínimo 30 minutos revisando esa Resolución, sin distraerme. Pero no lo lograba y abría el grupo de Whatsapp de las compañeras cada 3 minutos: las banderas, el horario, las que iban a ser parte del cordón de seguridad, el glitter, los pañuelos verdes. No lograba prestarle atención a nada, salvo a la movida de ayer. No es para menos: ayer las mujeres hacíamos temblar todo el país otra vez al grito de #NiUnaMenos.

Año 2015. Los casos de mujeres asesinadas estaban en la portada de todos los diarios. El siniestro circo mediático justificaba la violencia machista poniendo el foco de la cuestión en la vestimenta de la víctima, la hora en que se encontraba en la calle, con quien estaba, los amigos que tenía, sus gustos, sus actividades. Las estadísticas marcaban la muerte de una mujer cada 30 horas en nuestro país, a causa de su condición de mujer. Los escasos intentos del Estado para revertir la situación eran casi nulos: la creación de la Oficina de Violencia Doméstica (sutil nombre, ¿no?) la sanción de la Ley 26.485, de Protección para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales, la introducción de la figura de “Femicidio” en nuestro Código Penal de la Nación, la creación de las líneas 147 y 144. Pero la violencia machista no se detenía.  


El 10 de mayo de ese año, el cuerpo sin vida de Chiara Páez fue encontrado en el patio de la casa de su novio, quien la asesinó a golpes. Chiara tenía 14 años y para el momento de su muerte estaba embarazada.  La conmoción generó una ola expansiva, que nos dejó una marca que no íbamos a poder borrar. Se empezaron a inundar las redes sociales con el hashtag #NiUnaMenos, mujeres de diferentes ámbitos se pusieron a la vanguardia y al hombro la organización y la difusión de una marcha para el día 3 de junio. Estábamos enojadas. Nos hervía la sangre ante cada piba que nos quitaban. La sangre y las manos, porque nos empezamos a ver, nos empezamos a reconocer las unas en los ojos de las otras y no dejamos de abrazarnos nunca más; empezamos a cuidarnos, a avisarnos cuando llegamos, defender a cualquier piba que esté siendo violentada aunque no la conozcamos; empezamos a revisar nuestras vivencias y nuestras opiniones sobre otras mujeres; empezamos a desconfiar del amor romántico y emprendimos la difícil tarea de desarmar la manera de vincularnos y armar una nueva; empezamos a encontrar en cada mujer una aliada, una compañera. Nos hermanamos. Y nos fundimos en una sola cuerpa colectiva ese 3 de junio que le demostró al planeta que no íbamos a parar hasta que todas estemos vivas. Ese día, más de 300.000 personas se dieron cita en el Congreso de la Nación y en las plazas principales de la mayoría de las ciudades y los pueblos de Argentina

Ese día, y como lo hicimos en los años consecutivos, nos paramos de manos ante el machismo y el patriarcado que se consideran dueños de nuestras vidas, dejamos en claro que no íbamos a parar hasta que ganemos lo mismo que los varones por iguales tareas, hasta que las tareas de cuidado que reproducen este sistema capitalista que nos oprime dejen de estar en nuestras cabezas, hasta que podamos abortar legalmente cómo, dónde y con quiénes queremos, hasta que dejemos de ser condenadas por nuestra orientación sexual, hasta que reconozcamos nuestro derecho al placer y al goce y no ser sometidas social y culturalmente a la sexualidad masculina y a las heteronormas. 

Este año, la consigna fue “Sin aborto legal no hay #NiUnaMenos, en el marco del histórico debate sobre la Despenalización del Aborto en nuestro país. Más de 100 horas de exposiciones y diferentes personas mostraron a los legisladores diferentes argumentos, a favor y en contra. Los debates se dieron en cada uno de los lugares donde transitamos: en los trabajos, en las universidades, en las escuelas, en los grupos de amigos, de compañeros, en las familias. Todas nosotras tuvimos que absorber y procesar todo el conocimiento que tuvimos a mano sobre qué es el aborto, cómo puede hacerse, a quienes recurrir si queremos realizarlo y cuál es el marco legal que regula los casos no punibles, para plantar bandera frente a quienes nos tildaban de asesinas (!), le otorgaban a un feto los atributos de una persona nacida (como darle “un DNI pequeñito”, cuando nuestro Código Civil y Comercial establece claramente que si la persona por nacer nace sin vida “se considera que la persona nunca existió”) , quienes creyeron interpretar sus deseos profesionales y hasta se justificó que niñas violadas por los varones de su círculo familiar sigan adelante con el embarazo, creyendo que una maternidad violenta y no deseada y “el amor materno” podria “sanar” (!!) las secuelas que le quedan a una niña cuando abusan de ella, o como si fuéramos simples envases gestantes cuya vida no interesa más que en función de nuestro aparato reproductor.


En este contexto, la ley sube al recinto de Diputados el 13 de junio, día para el cual se están armando actividades desde la apertura de sesión y una vigilia hasta la aprobación o encajonamiento del proyecto. Es la primera vez que se discute este tema de salud pública en nuestro país. A la fecha, son 30 los diputados “indecisos”, por lo que el proyecto está siendo modificado en función de poder cooptar la voluntad de esos legisladores.

Ayer, nos pusimos nuestros pañuelos verdes y volvimos a hacer nuestras las calles, esas que se nos niegan y donde se nos invisibilizan. En 2015 dijimos por primera vez #NiUnaMenos. Ayer, 3 años después, seguimos haciendo historia, porque el patriarcado no se va a caer: lo vamos a tirar abajo.


“No hay que subestimar el tiempo que estamos viviendo. Que estemos a días de que un proyecto de Ley tan importante como el del aborto legal, seguro y gratuito llegue al recinto para ser debatido es algo histórico


Que las calles estén inundadas de pañuelos verdes, que como sociedad nos incomoden los comportamientos machistas y podamos alzar la voz y cambiar lo que hasta hace pocos años era impensado cambiar es además una Revolución.

Todo lo que hicimos hasta ahora, juntas y empoderadas, no se borrará más, salga o no la Ley. Porque no vamos a dejar que se vuelvan a pisotear nuestros derechos, nuestra libertad y mucho menos nuestra voz".
Tamara Simón - Fotógrafa.

“Ni Una Menos es la lucha. Es la voz que se alza entre silencios cómplices. Es el grito de años de opresión. Es la libertad. Es la calma en la tormenta. Es sentirse hermanada. Acompañada. Es sororidad. Es mantener vivo el recuerdo de las que ya no están, sin olvidar que el presente es nuestro y de ellas. 

La deuda es con las pibas. Se lo debemos a todas las que no volvieron por aborto clandestino, trata o femicidio. Nuestro espíritu colectivo se alza y ya no nos van a parar”. 
Flor Bertoncini - Cronista.

“Hace unos años, bastantes, me contaron una historia: había una vez una chica que estaba caminando por la calle. Era de noche. Tenía la costumbre de rezarle al ángel de la guarda cada vez que caminaba sola. Pasando por una calle oscura se cruzó a un hombre. No le hizo nada, pero a la chica que venía atrás suyo sí. La agarró, la violó, y andá a saber qué más. Cuando atraparon a este “hombre” le preguntaron por qué no le había hecho nada a la mujer que había pasado primera. Contestó que fue porque detrás de ella vio a dos hombres que la acompañaban, la protegían. Sus ángeles de la guarda; ella no caminaba sola. 

Son las once de la noche de un lunes. Me despido de mi amiga y sigo para mi casa. Ahora estoy sola. ¿Caminar escuchando música? Olvidate. De noche, eso no se puede. Tengo que estar atenta. Empiezo a rezar, por las dudas; confío en que mi ángel de la guarda me cuida, como a esa chica del relato. Trato de alcanzar un paso estable y veloz, que se me dificulta con lo cortas que son mis piernas. Busco a alguien para caminar cerca de él pero no hay nadie. Freno en el semáforo. “Ponete en blanco rápido, por favor”, pienso. Sigo. 
Me dijeron también que siempre tengo que tratar de caminar en el sentido contrario a los autos, para ver quién viene adelante mío. Eso no siempre se puede. En realidad, casi nunca. Escucho el ruido de una moto. “Dios te pido que no sea un chorro”, era un chico del delivery. La calle está vacía y me quedan tres cuadras para llegar. Pocas, pero un montón. Escucho un auto. “Ahora te pido que no sea una camioneta blanca”, y sigo rezando. 

Doblo en mi cuadra y cruzo, porque si no me encontraría con el de seguridad de un bar vecino, que ya me ha dicho cosas que me incomodaron un par de veces. Ahora prefiero evitarlo. Saco las llaves del edificio media cuadra antes. Llego a la puerta y la abro. Trato de dejar espacio solo para mí. Miro a ambos costados treinta veces y entro. Despierto a mi mamá con un: 'Hola ma, llegué', y le mando un whatsapp a mi amiga para ver si ya está en su casa. Me contesta que sí. 'Qué bien', pienso, mientras se estabiliza mi ritmo cardíaco.

Eso, para mí, es Ni Una Menos
Candelaria Capelli - Cronista.

“Hablar de la Argentina con una real igualdad de género -social, política, laboral, salarial-, suena algo utópico, pero el movimiento de mujeres se enfila hacia ese lado. Cada día que pasa hay más gente que despierta de la rutina en la que estaba inmersa, y se ve dispuesta a involucrarse para luchar y revertir las situaciones cotidianas que padecemos las mujeres y todo el movimiento LGTB. 

El feminismo para mí es una militancia constante. Una bandera política que, al igual que el pañuelo verde, se lleva a todos lados.  Significa salir del lugar “cómodo” y cuestionar todo. Reeducarnos. Hacia ahí vamos: infancias libres de una educación patriarcal. Sacar de adentro todas las creencias con las que fuimos criadxs y que tan arraigadas está(ba)n. Te vas a dar la trompa de lleno y te va a doler entender que todo lo que nos vendieron como normal, está mal. Bancar la ideología que propagas a flor de piel cuando todo tu entorno, e incluso tu círculo más intimo, te menosprecia o chicanea, adjuntado que simplemente sos una “exagerada” o “rompe huevos”, duele y mucho.  “Entiendo lo del lenguaje inclusivo, pero suena feo decir todes”, aseguran. No, definitivamente no entienden, o quizás sí pero tenes tanta pereza que preferieren seguir sumergidos en un mundo que oprime constantemente a las mujeres, hasta en lo más pequeño y fundamental: la palabra.

Se aproximan buenas nuevas, ya se sienten: Se va a caer”.
Daniela Ledesma - Cronista.

“Luchar con mis compañeras es una de las cosas más lindas que hay. Darte cuenta de  que no estas sola, que hay pibas que pasaron por lo mismo que vos y que estas contenida, es hermoso. Poder gritar en la calle y que todos puedan oírnos, que ya no seamos pocas locas, sino que seamos la mayoría. Que las discusiones se hayan instaurado en las mesas familiares conservadoras o en televisión nacional. 
Hoy, nuestras problemáticas ya no son un tema tabú ni algo para sentir vergüenza. Si bien falta muchísimo por avanzar, el movimiento ganó grandes batallas en estos 3 años (contando desde el primer Ni Una Menos). Hasta hace poquito tiempo naturalizábamos nosotras mismas situaciones que ya se pusieron en la mira. Que sabemos que las generaciones venideras (de nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras sobrinas) ya no las van a pasar con tanta naturalidad”. 
Camila Spalletti - Cronista.

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