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18 may. 2018

El Plan de la Mariposa: ritual místico en Flores


La banda de los hermanos Andersen se presentó por primera vez en un colmado Teatro de Flores.
Por: Florencia Bertoncini / Fotos: Giselle Benitez

Un público expectante clamaba “Este es el Plan…” en la oscuridad del mítico teatro. Acompañados de los estribillos de las diferentes canciones, la ansiedad  crecía y se instalaba en el gentío. “Y no aguanto esta espera” se escuchó tararear a un muchacho, quien buscó la complicidad de sus amigos en la vigilia de un show que prometía baile, lágrimas y agite.

Pasados apenas minutos de las 21 hs, con el aire cargado de tensión, el telón se abre. Finalmente, aparece el septeto. Vestidos con prendas negras, discretas tal vez para que su música sea la protagonista de la noche. Suenan los primeros acordes de Invierno nuclear, un rock de su último disco, Devorando Intensidad, para ir calentando los motores.

Luego del entusiasmo inicial, fue el turno de sumergirse en la cultura de la danza al que los espectadores de la banda están acostumbrados, de la mano de  La lanza de mi feMar argentino y Savia. El público retomó su quietud al son de la emotiva Los senderos, que recuerda a la madre de los hermanos Andersen. Esta canción fue seguida de un abrazo cálido en las palabras de Semilla del alma.

Mientras que el show se desenvolvía, las imágenes del arte de su disco más reciente inundaban las pantallas del teatro. La loba combinaba con las máscaras de ojo que todos los integrantes tenían sobre sus cabezas, representando el marco del tercer ojo que quería expresarse.

La reflexión y el baile volvieron de la mano de Calle mantra, donde los asistentes explotaron su contenida intensidad. El clásico repertorio fue interrumpido por la presentación de de dos nuevas canciones: Brindis con gas pimienta y Espejismos de alivio.

Parecía que la calma no llegaría nunca a los pies de los espectadores, que bailaron sin parar en las casi dos horas de duración del show. Entonces, Camila (voz), tomó el micrófono y dijo unas palabras. La gratitud colmó el rostro de la joven, y sus ojos se humedecieron mientras agradecía por el presente de la banda. Sin embargo, mostrando su sonrisa, contagió de felicidad al público, porque todos sonreímos en el mismo idioma y porque "El cuerpo sabe”, concluyó ella, dando un pie para entonar la canción homónima, inundando la sala con su poderosa voz.

El teatro estalló ante los primeros acordes de Mi Jagger, para sumergirse en un frenesí de pogo, baile, y estribillos entonados a los gritos; el público no tenía descanso y sus voces se alzaron en una danza enérgica que continuaría su línea con La vida cura y Cómo decir que no.

Se volvió al pasado para repasar su segundo disco, Trance Habitante al son de Braian, La cobardía y Espuma.

 “Es el principio del fin”, dijo Sebastián (voz), “Nos vamos cargados de energía” agregó. Sonó El riesgo y la piel del espíritu colectivo se erizaba tratando de atrapar la música, esperando que así el final no llegara. El cierre fue destinado a un público que enloqueció al escuchar  Azúcar negra y Te quiero, siendo esta última acompañada por el invitado especial, Edu Schmidt. La locura colmó también las coplas de Fanchanga y tuvo su enfático punto cúlmine con Romance con el desapego, dando la despedida a la banda necochense.

El Plan fue, en su primera presentación en el Teatro Flores, el abrazo de un amigo. Fue el reflejo de nosotros mismos en el otro. El público de esta banda es versátil, diferente, si se compara entre sí. Pero sus aristas diversas confluyen en lo mismo.  Alegría, baile, reflexión, fuerza, mística, energía, hermandad, comunión, sentidos, viaje, florecer, danza, ancestral, paz, despegar, motor, transformación, adelante, fe, optimismo, poesía, pacifismo, actuar, responsabilidad, ritual; son solo algunas de las palabras que remiten a este grupo de artistas. Había una coincidencia hasta en lo más arcaico de las emociones, entrelazándose en una hermandad de cánticos. Porque sus seguidores pueden ser demasiado diferentes, pero todos agitan en el mismo idioma.

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