Buscar este blog

19 may. 2018

Adrián Berra: de vuelta en la Capital


El cantautor se presentó el 18 de mayo por primera vez en este año en la Capital de Buenos Aires, en la sala de Café Vinilo, Palermo. Con entradas agotadas y un público expectante, presentó canciones de sus primeros discos y del último: Mundo debajo del mundo, y hasta adelantó temas nuevos. 
Por: Cande Capelli 

Una hora antes de que el primero de los cuatro shows de Adrián Berra en Café Vinilo empezara, una tormenta eléctrica cubrió el cielo porteño. Se hicieron las 21 y ya entraban las últimas personas y los últimos paraguas. Entre birras y picadas, el público terminó de acomodarse en sus mesas y, veinticinco minutos después, subió al escenario quien abriría la noche: Clara Besfamille.

A sala llena, se sentó frente al piano y tocó tres temas de su autoría. Con una voz suave e hipnótica, Clara logró un silencio pleno en el público. “Estoy muy feliz de estar acá”, comentó y agregó: “Pude entrar porque estoy tocando, porque si no me hubiese quedado sin entrada”, haciendo alusión a las localidades agotadas. 

Berra y su banda, compuesta por Rafael Climente en el contrabajo y Cristian Bonomo en la percusión, comenzaron el show a las 22. Abrieron con Nada más, de su disco Mi casa no tiene paredes, y siguieron con Instante. “Gracias por venir”, dijo el cantante. “Son valientes, ¿hay alguno muy mojado?”, preguntó, “si quieren les presto buzos, tengo ropa de más”, dijo, causando risas en el público. 

Dedicó Nos quedamos acá a un amigo que, al momento de escribir la canción, estaba pasando por un mal momento. La canción “habla un poco de esa noche donde nos encontramos todos en su casa y lo acompañamos”, explicó y agregó: “A uno no se le ocurrió mejor idea que ir a comprar dos barriles de cerveza… esa noche fue muy importante para el grupo de amigos”

Siguió con una reversión de El Isleño, de su segundo disco El funeral. Rafael Climente lideró con su voz y el contrabajo en las primeras dos estrofas, y luego se sumó Adrián en la guitarra y voz principal (Climente siguió en las armonías). La banda tocó después Luna, El funeral, y De regreso. En esta última, Clara Besfamille subió al escenario con ellos y cantó lo que en el disco canta Lola Membrillo

Generalmente, antes de tocar un tema, Berra describe y cuenta la historia que lo llevó a escribir esa canción, y se la dedica a alguien significativo. Antes de Cabo de la vela, contó que hace casi dos años, luego de un show en el mismo Café Vinilo, cuando estaba cargando los instrumentos en el auto, se olvidó el acordeón en la vereda. Cuando llegó al día siguiente para hacer el próximo recital, lo recibió Dani, una chica que trabaja en el lugar, y le dio el acordeón que se había dejado. “Esta canción se puede realizar gracias a ella, así que se la dedico”, expresó el cantante. 

La banda se fue y en el escenario quedaron solo Adrián y su guitarra. Nadie más: conexión directa entre el público y él. “El último tiempo estuve rescatando algunas canciones, un poco a pedido de la gente que venía”, comentó, y preguntó si alguien quería alguna canción en especial. Como respuesta, de alguna mesa se escuchó “¡Mi negra rubia!”, tema que tocó a continuación. 

El cantautor recordó otra historia de hace un tiempo atrás, cuando estaba en la facultad: “Estábamos tratando de separarnos con una chica, pero el hecho de la cotidianeidad de la facultad no nos ayudaba”, contó. “En uno de esos intentos de corte estaba hojeando un libro en el que leí justo el concepto ‘efecto de sincronicidad’, que tiene que ver con la sincronía de las cosas. Un día, estaba por la calle y llovía tanto que entré a comprar un paraguas. Ahí estaba ella”, relató, causando sorpresa en los que estaban presentes.

Terminó Efecto de sincronicidad y se escucharon los primeros acordes y las primeras palabras de uno de sus temas más conocidos, Un beso en la nariz: “Gira gira gira todo lo que ves…”. Siguió con Desaprender, primer tema de su último disco. El público al escucharla empezó a aplaudir y a gritar. “Bueno… tranca”, dijo entre risas Adrián Berra, e indicó al público en qué momento chasquear, en vez de aplaudir. 

“Más que una canción, es un juego”, dijo antes de empezar a tocar Décimas Truncas, canción que nació en un taller suyo: "Música para no músicos". “Es una canción basada en la estructura de las décimas, una estructura literaria”, explicó. “Lo que me gusta es que respetando rígidamente la estructura, uno se preocupa en rimar y no en el significado. Por ocuparse de rimar termina sacando afuera cosas muy interesantes, porque escribe sobre lo que le pasa”,  añadió, “pero en realidad uno cree que escribe sobre lo que le pasa; lo que pasa de verdad no sale, hasta que aflora el inconsciente o el azar”.

Cuando toca esta canción, siempre suben personas del equipo o de la banda a cantar los estribillos con él. Ayer subieron los miembros de la banda, el fotógrafo, Clara Besfamille y Matías Pozo, ex guitarrista de la banda, quien también se sumó para Buen día, María. Décimas Truncas finalizó con una rima improvisada por el cantante, que terminaba así: 

Solo es cuestión de jugar
Y cantar unas canciones
Da igual si hacemos papelones
Todo está escrito en un cartel
Las canciones en el papel
O en los pantalones.

Luego de A tu favor y Sigue, con Climente y Bonomo de vuelta en el escenario, Berra comenzó a despedirse. “Les agradezco que se hayan acercado hoy a escuchar mis canciones, y que Café Vinilo haya abierto sus puertas”, expresó y sumó que “cuando el país quema, está bueno que se junte la gente que comparte algo que le gusta”, como es la música. Siguió con Tiempos azules y Mundo. Los tres miembros de la banda se bajaron del escenario, se sentaron en las escaleras al borde del mismo, y cantaron una canción nueva, desconocida, armonizando sus voces y acompañados solo por una guitarra. 

Volvieron a subir y despidieron la noche con Viajar. Así, en un ambiente cálido y tranquilo, finalizó la primera fecha de los cuatro shows de Adrián Berra en Café Vinilo

No hay comentarios:

Publicar un comentario