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5 nov. 2017

Mustafunk despidió Laboro chamanik


La banda se presentó en el Teatro Flores el sábado 4 de noviembre, para dejar atrás su segundo disco: Laboro chaminik.  
Por: Ayelén Arguelles / Fotografía: Lucas Larravide

Cientos de personas se acumulan en la entrada del lugar, la mayoría tiene una cerveza en la mano, mientras comentan sobre el espectáculo que están a punto de presenciar. La mayoría se amontona delante de todo y, cuando todavía faltan algunas personas por entrar, se abre el telón. Aparecen en escena Martín Pedernera y el tecladista Gabriel Fontana para cantar Nena de Sui Generis. El telón se cerró solo unos segundos para dar comienzo al gran show, mientras todos gritan desesperados ante la magnífica introducción. 

Un rato antes de las 21, se escuchan las guitarras de Serafín Rodriguez, Agustín Marinelli, el bajo de Agustín Pettinato y la batería de Camila Marinelli. El quinteto ya está en el escenario listo para dejarlo todo, ante un público con las mismas intenciones. Suena Mono, una de las canciones que da el pie para que todos armen un pogo enorme en el centro del lugar y las paredes del teatro comienzan a vibrar. 

Antes de seguir con el siguiente tema, Pedernera se toma unos segundos para hablar con la audiencia. “Estamos muy emocionados, esta noche tenemos que brillar”, dice con entusiasmo. La gente se vuelve loca con Seguis tumbao, canción incluida en “Lados G”, disco que lanzaron este año con canciones grabadas en sus dos álbumes anteriores y que por alguna razón no las incluyeron. Las cuerdas de Serafín son las protagonistas, a tal punto que cuando termina se escucha la voz de un joven: “Serafo te amo”, a lo que él responde un “Yo también”.

Reciben en el escenario al primer invitado de la noche: Cóndor Sbarbati. Una vez que agarra el micrófono, hace delirar a todos al canto de Abrazo, diente sueño. Para seguir recordando el segundo álbum de la banda, se empieza a escuchar Mambo negro, la voz potente de Pedernera suena mejor que nunca. Rapidamente, se suma otro invitado, un tenor presentado como “Sebas”, y que deja a todos asombrados cantando la magnífica Nessum Dorma, como solía hacer Pavarotti. Los aplausos ya no alcanzan para tanto talento.

Mientras los guitarristas intentan prender un cigarrillo, se ponen a tocar Sábado, de Divididos. Como también es importante honrar a Salpica, su primer álbum, tocan Haarp y cada vez que la voz de Pedernera aleja el micrófono hacia el público, todos aprovechan a cantar “¿Dónde están los cambios?”.

Después de una pequeña pausa, reciben a otro invitado, al cual describen como “un ser de luz”. Guillermo Arrom, con su guitarra ya puesta, está preparado para interpretar dos temas. En Afuera el invitado es el protagonista, que, con ese toque de jazz, suena perfecto y en sintonía con la banda. Serafín Rodriguez no puede creer el talento del invitado de lujo y se arrodilla ante él mientras exclama “es un hijo de puta”. Luego, pasan a tocar Cementerio Club, de Spinetta y ya nadie se empuja. El teatro entero, repleto de personas, se queda paralizado y disfrutando de la magia que provoca recordar a uno de los más grandes del rock argentino, de la mano de Mustafunk

Llega una de las canciones más sentidas de la noche: Yogur hace cantar a todos al grito de “Cayó la ficha al fin, no necesito tu amor”. Después de tocar Opera, presentan un tema nuevo que deja a todos impresionados. Es apenas un adelanto, con el mismo estilo rockero de la banda que tiene como influencia un claro sonido led zepelinero.   

Cerca del final todos saltan descontrolados al ritmo de Sapo rey, una de las canciones más esperadas de la noche. Ya llevan casi dos horas tocando, pero hay lugar para más canciones que no se pueden quedar atrás. Fever y En tu mirada revientan el teatro y junto a Guillermo y Cóndor amagan a despedirse con Laboro chamanik, para terminar de hacer honor al álbum protagonista de la noche. Cuando anuncian que el show finalizó, los gritos de la gente empiezan a pedir que canten una más. Mustafunk, fiel a su público, coincide en que deberían seguir y terminan con Juan, canción de Salpica. 


Los aplausos se hacen presentes en el teatro, a más no poder. Muchos gritan desesperados y expresan el amor hacia la banda. Al escenario llueven remeras, unas llaves y hasta una zapatilla. Finalmente, los cinco se abrazan, la tímida voz de Camila agradece a todos por venir, a lo se escucha una respuesta sincronizada y clara del público: “gracias a ustedes”. Las personas empiezan a salir agotadas y cansadas pero satisfechas porque Mustafunk supo hacerlos temblar, una vez más.

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