Skay en Tandil: Fuera del tiempo y su prisión


El anteúltimo fin de semana largo del año se coronó en las sierras de Tandil con el regreso del corazón de Patricio Rey: Skay Beilinson. (Crónica: Dani Ledesma - PH: Tandil Rock/Axel Sayago)

Los domingos históricamente se atribuyeron como el día de descanso, o bien depresión, tal vez por el inminente comienzo de semana y la vuelta a una rutina laboral que solo potencia el rechazo a un sistema que esclaviza nuestros deseos, mientras los relojes no paran de avanzar y las cuentas de aumentar. Pero este domingo tuvo algo particular: se abrió un lugar que no conoce de tiempos ni espacios, ahí donde los dolores se hacen más llevaderos y los problemas pierden peso. Le dicen Kermesse.

La cita para que el ex redondo deleite a todxs con su majestuosa SG fue programada para el domingo 14 en el Club Unión y Progreso. No fue casual el flyer que eligieron para promocionar la fecha: los afiches con el emblemático camión obrero peronista –pero intervenido por Rocambole y con Lenin a la cabeza- circulaban hace varias semanas por las calles tandilensas.

Lo cierto es que la manija era mucha, desde julio del año pasado que Los Fakires no volvían a Tandil, y con el correr de las horas eso se notó. Las calles que bordean la sociedad de fomento estaban repletas de gente agitando al ritmo de cánticos populares con botellas cortadas –al mejor estilo conurbano- mientras que algunxs vecinxs observaban con atención.

La oscuridad del Club tomó un rol clave para aumentar la euforia del público, acompañada de silbidos y el tan conocido “es una noche especial, no se la vaya a perder: ¡toca el corazón de Patricio Rey!”. Entre aplausos salieron a escena los cinco. Arriba, al centro, se lo vio a él. Inquebrantable. De camisa verdosa cuadrille, con sus particulares anteojos al estilo deportivo, el tradicional sombrero cowboy claro y su japa mala que siempre lo acompaña.


Sin dar súplica al festejo del público comenzaron a tocar los primeros acordes El golem de Paternal, lo que enloqueció aún más a lxs presentes ya que es una canción que tiene muchísimo poder y suele estar en el tramo final del recital. En concordancia el Flaco exclamó a los gritos (al igual que nosotrxs): “Muy buenas noches, bienvenidos al show, hoy les prometo un poco de felicidad”, para interpretar El gourmet del infierno.

Para ese momento ya se encontraban todxs lxs presentes bastantes extasiadxs, y sudadxs, así que empezaron a agitar y contaron con la complicidad de Los Fakires que hicieron la instrumentalización de lo que cantaban, cuando Skay relató “Problemas, hay problemas, no hay problemas” y luego prosiguió con Oda a la sin nombre, una de las canciones más reconocidas de la banda, aún por quienes ni saben que la interpretan ellos.

El segundo tramo de la noche nos encontró con Skay, solo en el escenario, recitando el poema de Sensemayá, canto para matar una culebra. Para continuar con la línea de (viejos) estrenos, siguió con La ley del embudo.

“El viaje es otro show”, profesa el Capitán Beilinson en El equilibrista, cuarta canción del último álbum El engranaje de cristal. Y es que si tenemos que hablar de qué significa un show del flaco, hay que ir mucho más allá de la hora cuarenta que esta sobre el escenario. Ver a Skay equivale a un escape –momentáneo- a la realidad, donde todos las dolencias parecen perderse en un quinto plano mental y solo importa el presente compartido con amigxs.


Sin dudas fue una noche especial, con un repertorio tanto particular: entre las canciones más ovacionadas se encuentra –siempre- Astrolabio, el momento de suma intimidad que se crea entre Skay y sus peregrinxs. También fue Criminal mambo la responsable de estallar la sien de muchas personas con una luz verde hipnotizadora que se inyectaba en la retina de los ojos. Pero la mayor sorpresa de la noche vino de la mano de Dragones, un rock con aires de chamamé que no era tocado en vivo hace más de 5 años. Qué placer el escuchar a este hombre hacer de las suyas.



¿Qué es lo que mueve a tantas personas a viajar, de punta a 
punta del país, e incluso a veces al exterior, para ver a la misma banda interpretar las mismas canciones?, se preguntaran muchxs con desconcierto. Bondi, tren, colectivo de larga distancia, auto, barco y demás transportes que entrelazan los lazos de personas que tienen un fin en común. Todo por ver un flaco de 1.90 y con 66 años de experiencia que hace estragos arriba de cualquier escenario.



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