Inmersos con Los Espíritus

El sábado pasado Los Espíritus se presentaron en el Estadio Atenas en la ciudad de las diagonales, como parte de su gira que los lleva hasta México. El lugar y la onda psicodélica de la banda dejaron un recuerdo en nuestra mente de una noche tranquila en la que el tiempo parecía no pasar. Crónica: Rocío Magalí Rodriguez PH: Micaela Aquino


El recital arrancó 9.15 con el artista soporte, Shaman Herrera, quien tenía una sola guitarra entonó una frase que decía “el rojo primer color de todos” y comenzó un juego de luces anaranjadas y rojas que acompañaría a la perfección cada una de las canciones de la noche. El estadio aún estaba a medio llenar, y la gente se amontonaba en las gradas y bien delante del campo. Aún seguía entrando gente cuando empezó a sonar la música, de estilo indie, que anticipaba la llegada al escenario de la banda principal: Los Espíritus.
El público era diverso: desde familias enteras a adolescentes solos, gente grande, peinados de colores y glitters abundaban esa noche, así como también gente más seria. Se deja ver en el estadio que es una banda que no conoce de fronteras ni sabe lo que es encasillarse sólo en un rango etario, a esta música la disfrutan todxs.

En el vacío de la espera entre las 21.30 que terminó Shaman y las 10 que subió Los Espíritus algunas pibas empezaron a cantar "aborto legal en el hospital", acompañadas por todxs lxs presentes, viendo un par de pañuelos en el aire como banderas.

A las 10 arrancó, finalmente, con las gradas llenas y gente incluso en el pasillo que va hacia los baños-no podemos decir que no explotaron Atenas. Los diferentes instrumentos empezaron a sonar como introduciéndose y unas luces amarillas dieron inicio al recital con “Mapa vacío”. El ritmo tranquilo acompañaba a las personas que bailaban entre la multitud, que los recibió entre aplausos y vitoreos.

La gente es tanta que hasta se complica hacer pogo, lo que quedo en el intento mientras suena “Mares”. Las luces van de a dos colores combinando entre ellas, es un recital más bien luminoso, sin pantalla de fondo que muestre videos. Es un aura perfecta para venir y escuchar música, escuchar su música que simula un viaje en el cual perdes la noción del tiempo. El toque psicodélico de sus canciones también se transmite en su recital, en la escena, contagiando un humor tranquilo que sirve para relajar de su mano el final de la semana.

En el escenario parecen estar en su propia onda, el percusionista Fernando Barreyro simula un baile de aquellos ancestrales mientras que el guitarrista Miguel Mactas moviéndose de acá para allá con total soltura parece ser parte de la propia escenografía. En ciertos temas, para los últimos sonidos de la batería, se mueven todos juntos a la par sumándole un estilo de coreografía. El juego de luces constante hace que contrasten entre ellos, formando figuras con sus siluetas en plena oscuridad. Los Espíritus parecen haber entendido a la perfección el concepto de “menos es más”, tan sólo con luces de colores y camisas estrafalarias supieron armar una escenografía simple que te hace estar inmerso en su onda todo el recital.

Las luces blancas encendidas por un momento indicaron un cambio de ritmo y en el fondo lásers de colores empezaron a jugar de la mano de uno de sus temas más conocidos: “La Crecida”. El amor entra en escena con los colores rosas y violetas. Acá entre el público no se mueven los brazos ni las cabezas, se mueve todo el cuerpo.

El único momento que se escuchó un coro fue en “Perdida en el fuego”, el público había ido a escuchar y disfrutar, y esta frase (perdida en el fuego) era como un suspiro para ellos.
En tanto fue pasando la noche, presentaron una canción nueva: “Vida Normal”. Arrancó con un sonido fuerte y a oscuras, con intervalos de luces vibrantes. La canción hace énfasis en la rara vida normal, “ando suelto pero estoy acorralado” y las contradicciones de nuestra vida cotidiana. El aplauso de forma de aprobación fue tal que acompañó los inicios de la siguiente canción, en la cual un par de personas intentaron formar un pequeño pogo que no duró mucho, había demasiada gente dentro como para poder armar una ronda propiamente dicha.
A medida que se acercaba el cierre, la gente estaba aún cada vez más eufórica. El calor que se sentía provocaba que hubiera remeras girando, que acompañaban la escena desde el escenario cumpliendo el rol de banderas, las cuales no habían dejado pasar.

El cierre de semana nos dejó así emocionados y extasiados tras la salida del recital, con la consigna de que el lugar quedó un poco chico. Ya veremos si el año que viene se animan a un lugar un poco más grande o a poner más fechas, que estoy segura van a llenar.

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