Pampa Yakuza se presentó en Guajira


El viernes 14 de septiembre Pampa Yakuza hizo una parada en La Plata antes de su fecha tan esperada de Pampa vs Yakuza en La Trastienda. El lugar elegido para un entre tiempo como ese fue Guajira, un pequeño bar casi en pleno centro de la ciudad que suele cobijar a las bandas under.
Por: Rocío Rodríguez / Fotos: Carolina Morera

La noche empezó temprano con Camino Rey, banda platense, como invitados. Entre pizzas y birras, lxs oyentes disfrutaban la espera de la mano de ellos, que recién están en sus comienzos y agradecieron la oportunidad a Pampa Yakuza. Con un estilo que ellos mismos definen como “hard-pop”, llenan el lugar con frases suaves que llegan y se van como si fueran suspiros. Bajo el escenario, las sillas de las mesas ya no estaban cerradas sobre sí, sino que ahora todxs se habían acomodado frente a la banda.

Un detalle que llama la atención es cómo está conformada la escena de ahí arriba: el pañuelo verde que cuelga enganchado de la guitarra acústica, que pareciera bailar a la par de la música, los jeans ajustados, una campera de jean también del cantante, Matías Harrinson, y una gorra en otro de los chicos, Juan Rodas, dan un aspecto de banda de garage, de pibes que se juntan a tocar por placer, porque la música es lo que verdaderamente les gusta.

Camino Rey cuenta con cinco integrantes (Matias Harrison, Iñaki Biscay, Juan Rodas , Lucas Lobos, Maxi Mostajo), y entre las canciones que tocaron se encuentran Será, Azulejos y Rayos X para cerrar. Tanto gustó que el público pidió un tema extra y 21:20 abandonaron el escenario, entre aplausos.

Estábamos en Guajira, bar que para quienes no lo conocen apuesta por las bandas locales que están creciendo. Mientras los instrumentos del escenario son reemplazados, de fondo suena Pérez.

Casi media hora más tarde, Pampa Yakuza irrumpió el escenario con Bla bla bla, un ritmo pegajoso y un lugar un poco más lleno con gente que aún sentada en las sillas movían las cabezas al compás. Ya con el segundo tema, todavía más movido que el primero, el público fue dejando las sillas vacías para pararse y bailar al ritmo de esa melodía. Solxs o buscando con quien bailar de a dos en ese pequeño tumulto de gente, arrancaba la noche del viernes con la mejor de las ondas posibles.

Como reflejo de su propio público, en el escenario tampoco se quedaban quietos. Bailaban, hacían juegos de manos y parecía imposible que no se distrajeran entre ellos, que no irrumpieran en risas en medio de las canciones cuando estás tocando en un entorno que demuestre tanto la amistad que comparten. La gesticulación del cantante, Hernán Saravia, muestra lo mucho que disfruta estar en ese lugar.

Otro de los temas de la noche fue A otra cosa e irrumpieron los aplausos, y a otra cosa me voy yo: en el escenario eran tantos que parecía quedarles chico. Con saxo, trompeta, batería, guitarras, bajo y un charango que se subió a mitad de recital, increíble fue que ninguno terminara tocando abajo. La presencia de todos los instrumentos se notaba en cada canción y esa es la característica distintiva que tiene esta banda: la diversidad de sonidos.

“Bienvenidos otra vez al fogón, esta macrisis nos tiene mal a todos pero hay que ponerle huevos. Nuestro placer más grande siempre es hacer canciones”, dijo Hernán, y los que aún estaban sentados desprendían risas mientras que los bailarines aprovechaban el pequeño intervalo para descansar los pies. Con Sol de los pobres empezamos a entrar en calor, si los que estaban sentados desprendían risas, el resto desprendía capas de ropa que iban sobrando. 

El público participó de varias canciones, entre ellas Puede ser, haciendo los coros. En medio de la canción fue aplaudido un “basta de ajustes, de despidos, de represión, vamos a gritar juntos nunca más”, la canción es una clara manifestación contra el gatillo fácil y la necesidad de resistir en tiempos difíciles. Al final de la canción todas las sillas se encontraban vacías, los aplausos iban al compás y las cabezas de aquellxs que no se animaban a bailar también.

La gente parece no cansarse. Las luces tenues de Guajira acompañan al escenario, haciendo que puedas ver a quien te está acompañando y hablarle, y con las luces que iluminan a los artistas forma una escena imposible de ignorar. A esta altura, el charango le suma una mística extraña de descifrar en otra fórmula más que no poder dejar de bailar y para las diez y media sonaba una cumbia que te daban ganas de agarrar una birra y ponerte a bailar en el medio del lugar si aún no lo habías hecho.

Ante la pregunta de “¿nos vamos despidiendo?”, los oyentes dieron un rotundo no como respuesta. De la mano de Brillando el sol, el público se dejó escuchar como nunca antes y todxs juntxs entonaron el tema a intervalos del cantante. Como suele ser, los temas más conocidos estuvieron en el final, cerca de las 23hs los celulares empezaron a grabar lo que se convirtió en un cierre armonioso que no dejaba de acoplar canciones.

Me quedo con una frase de Hernán: hermosa noche acá en Guajira. Terminó la banda saltando con el público en una especie de pogo que hacía vibrar algunas mesas. “Cada día te quiero más, yo soy yakuza…”, fue el cántico elegido para cerrar el viernes.

La banda de larga trayectoria se despidió invitándonos a su próxima fecha, donde vamos a estar para seguir celebrando nuestras bandas locales aún en tiempos difíciles, porque entendemos que las pasiones no se negocian. Esperamos que la espera se acorte y tengan presente el calor del público platense a donde vayan.

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