La Revolución será feminista o no será

Por: Sari Odello
Para comenzar, me gustaría aclarar que no soy lesbiana: ser feminista no implica que solamente me relacione sexo-afectivamente con mujeres. Y también quiero aclarar que ni quiero que se mueran ni odio a todos los hombres: quiero que se caiga el sistema patriarcal de construcción de vínculos. Y que mi manera de ser feminista implica juntarme con otras mujeres a debatir de qué va todo esto que nos pasa, que sentimos y que llamamos feminismo. Feminismo tampoco es machismo al revés: no pretendemos dominar a nadie, no discriminamos a nadie por creer que no puede levantar una mesa o manejar bien, no creemos que las personas con las que nos vinculamos son nuestra propiedad privada, ni creamos reglas morales en las que vivir plenamente la sexualidad sea motivo de discriminación. No, te juro que no queremos nada de eso. Queremos la igualdad entre las personas; nada más, ni nada menos.

Somos muchxs
Si sos mujer, ¿cuántas veces te dijeron que no podías jugar a la pelota porque esas “son cosas de varones”? ¿Cuántas veces te gritaron por la calle por llevar una pollera corta? ¿Cuántas veces saliste a tomar algo con varones y el mozo le dio la cuenta a la presencia masculina de la mesa? ¿Cuántas veces caminaste rápido a tu casa desde la parada del colectivo a la noche por miedo a que te puedan hacer algo? ¿Cuántas veces mandaste un “llegué bien! Avisen cuando llegan ustedes” al grupo de Whatsapp de las chicas? ¿Cuántas veces te dijeron “ayudá a mamá a levantar la mesa”, mientras los varones de la casa se quedaban mirando la tele? ¿Cuántas veces te dijeron “ahora ya te podés casar” cuando cocinaste algo rico o llevaste adelante algún labor?  

Si sos varon, ¿cuántas veces contuviste un llanto a mitad de la garganta porque iban a dudar de tu masculinidad? ¿Cuántas veces te encaraste a una chica por la presión de que si no te la encarabas no eras lo suficientemente hombre? ¿Cuántas veces le dijiste a una chica “yo te voy a cuidar”, a pesar de que ella no te lo había pedido? ¿Cuántas veces cobraste más que tus colegas mujeres a pesar de realizar la misma tarea? ¿Cuántas veces tildaste de histérica a una chica que cambió sus ganas de salir con vos? Son cosas que se repiten en todas las vidas de las mujeres y varones de todas partes del mundo durante, al menos, desde la Edad Media a nuestros días, porque, permítanme spoilearles: el machismo también perjudica a los varones.

En cuanto a nosotras, ser iguales también nos lleva a ser diferentes. Las discusiones en torno a las estrategias y luchas que el movimiento feminista ha encarado, ha devenido en las conquistas de los derechos fundamentales que (al menos en países de cultura más bien occidentalista) gozamos: derecho al voto, derecho a la educación, derecho a trabajar, derecho a decidir nuestra profesión, nuestra orientación sexual, nuestro lugar de residencia y, en algunos países, las mujeres pueden ejercer su derecho a decidir libremente sobre su cuerpo en los casos de interrupciones legales de embarazos.

Somos muchxs, y hasta en la cronología no estamos todas de acuerdo. La historia más conocida del movimiento feminista distingue diferentes eras, o momentos en que las luchas fueron cambiando de objetivo: la primera ola que tuvo lugar a fines del siglo XIX y principios del XX con el logro del sufragio femenino; la segunda ola, durante los años 60 y 70 tuvo como núcleo lograr la liberación de la mujer en todos los aspectos que íntegramente nos componen: física, mental, económica y cultural; la tercera ola, de la que formamos parte, damos las discusiones sobre el modo de relaciones patriarcales, el modelo de vínculo hetero-normativo y el machismo como modo ideológico de opresión.

Son pequeñas las diferencias en el lenguaje, en lo simbólico de las palabras lo que hace la verdadera brecha entre lo que se dice y lo que significa. El lenguaje inclusivo es una de las maneras de ganarle a la generalización desde lo masculino: me acuerdo cuando un profesor de la facultad nos dijo “cuando digo ‘Hombre’ me refiero a toda la humanidad”. ¿Por qué se incluye a las mujeres dentro de un colectivo como “humanidad” pero no se la nombra, sino que se la subordina a la condición de existencia del “hombre”?. Bajo la premisa de “quien nomina, domina”, la puja lingüística también reivindica al colectivo LGBTI y sus luchas contra la violencia y la discriminación social, laboral y cultural que sufren quienes forman parte de él.  No estamos todxs de acuerdo en todo. Creemos que las discusiones se tienen que dar en todos los ámbitos, en todas las mujeres, e incluso en todos los hombres que ven sus privilegios de género e intentan deconstruirse cada dia un poquito más.

Estamos juntxs 
El no estar de acuerdo en algunos aspectos de acción no implica que el internacionalismo del feminismo sea indiferente: las mujeres y nuestra sororidad supera márgenes estatales, límites geográficos y nos unimos en un solo grito frente a los abusos  y la violencia machista que sufrimos. Una de las expresiones más resonantes, debido al contexto político en el que se realizó fue  hace apenas un poco más de un año atrás en la ciudad de Washington: The Women’s March fue la protesta con más convocatoria en Estados Unidos desde las marchas contra la Guerra de Vietnam, en los años 60 y 70. Las estadounidenses salieron a la calle a decirle al nuevo presidente que los derechos de las mujeres son derechos humanos. Este año, la marcha tuvo lugar en Las Vegas con un movimiento opositor más organizado, dispuesto a canalizar la fuerza de las mujeres en reclamos electorales concretos.  Muchas celebridades han acompañado esta marcha demostrando una vez más que nuestra condición de mujeres nos hermana más alla de cualquier diferencia que tengamos: Adele, Jennifer Lawrence y Cameron Diaz estallaron las redes sociales con su foto en la marcha; Olivia Munn y Scarlett Johanson dieron unas palabras alusivas y también posaron juntas.

En otros países de Latinoamerica, como es el caso de Argentina, el colectivo Ni una menos, nació al calor de la bronca y la falta de respuestas estatales a los feminicidios que se suceden en el país: una mujer muere cada 28 horas y en lo que vá del año ya se han contabilizado 23 víctimas de violencia de género. Por otro lado, también se realiza en este país cada año el Encuentro Nacional de Mujeres, que de manera itineraria va cambiando de sede y recorriendo el país, acercando mujeres durante 3 días de talleres, debates, encuentros culturales, marchas, peñas, abrazos y sonrisas; este año el 33° Encuentro se realizará en octubre en la ciudad chubutense de Trelew, en el sur del país.
Mundialmente se viene realizando el 8 de marzo el Paro Internacional de Mujeres, donde se busca demostrar el impacto que tienen las mujeres en el sistema capitalista, en su reproducción y cómo sus tareas en muchos países del mundo no son remuneradas de manera equitativa con los hombres. Esta marcha se realiza en las principales ciudades del mundo donde lo diferentes colectivos de mujeres llevan adelante actividades culturales y sus reclamos durante todo el día.

No estas solx
Esta es la premisa que las mujeres debemos grabarla a fuego en nuestro corazón y en nuestra mente. Durante años, nos han hecho creer que nadie podía querernos si eramos flacas, que nadie iba a confiar en nosotras si usábamos una falda muy corta, que no íbamos a llegar a nada si no era bajo la protección de un hombre. Ese tiempo se ha acabado: y se ha acabado de manera tan rotunda que el hashtag “#time’sup”, se apoderó de la ceremonia de los Globos de Oro: las mujeres se vistieron de negro y plantaron la discusión sobre la violencia sexual hacia las mujeres, en el caldo espeso de Hollywood.

Esta campaña, que tiene como protagonistas a mujeres referentes de la cultura del cine y del espectáculo a nivel mundial ponen a disposición un fondo de asistencia legal y económica para poder ayudar a mujeres de menos recursos en sus denuncias y defensas contra los abusos sexuales en torno al ambiente laboral. Mujeres actrices, directoras y productoras, entre las que se encuentran Emma Stone, Reese Witherspoon, Natalie Portman y Meryl Streep se han sumado al movimiento viral “#metoo”, donde las mujeres del mundo encontramos en las redes sociales un lugar de denuncia de abusos sexuales; los casos que más relevancia han cobrado fueron los vinculado al productor Harvey Weinstein. El hashtag se extendió por más de 80 países, y se tradujo en al menos 20 idiomas. El acontecimiento en los Globos de Oro fue sólo la chispa que enciende la mecha: el calor y la fuerza de esas mujeres alimentó a otra que ya no se sintieron más solas para salir a contar su propio sufrimiento, reafirmando una vez más que la violencia machista no distingue países, estratos sociales o económicos.

Te estamos esperando
Asumirse como feminista lleva un cambio en la concepción de nuestra vida, de nuestros vínculos, de nuestro ser. La identidad se mueve y se reafirma en lo femenino como fortaleza, como arma; las contradicciones frente al amor romántico se agudizan y nos ponen en jaque la responsabilidad de crear vínculos sexo afectivos sanos desde el amor y desde la igualdad. Identificar situaciones de violencia, contarlas a otras mujeres que vivimos lo mismo, ayuda a poder sanar las heridas y que nuestras cicatrices no sean en vano. Es un proceso difícil, por momentos tormentoso, pero de seguro que es el más certero, el menos solitario, el más mágico y el más ruidoso de todos los caminos que he transitado. Somos las que le sacamos de encima a un tipo en el boliche a una amiga y las que lloramos con ella cuando su novio le rompió el celular contra el piso porque no quiso mostrarle los mensajes; somos las madres que piden a sus hijas que avisen si llegan bien a destino y las abuelas que nos tejen pulóveres; somos las médicas que enseñan cómo conocer nuestro cuerpo y cómo cuidarlo; somos las maestras que enseñan a los nenes que el amor no se demuestra tirando del pelo a sus compañeritas; somos las abogadas que pasan horas esperando a un juez en una audiencia para poder conseguir una medida de seguridad para una mujer que fue abusada; somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar. Somos muchas, estamos juntas: el feminismo es hermoso y te está esperando.

Comentarios