¡Qué locos que estamos por De La Gran Piñata!


De La Gran Piñata convirtió la noche platense del sábado 14 de julio en un evento cuyo recuerdo hace emocionar a quienes lo vivieron. Con 23 temas que ocuparon poco más de dos horas, el Teatro Sala Ópera fue donde la banda eligió reencontrarse con sus fans.
Por: Rocío Rodríguez / Fotos: Giselle Benitez

Al pasar por la calle 58, donde se encuentra el teatro, se veían rondas de gente con las características remeras del ambiente: algunas con la inscripción “feliz miércoles” y otras tantas pertenecientes a distintas bandas, como Callejeros, Cielo Razzo, entre otras. Al pasar entre la gente, tenías que esquivar algunas cajas de vino, sin chocarte a quienes te ofrecían comprar cerveza fría. 

Las puertas abrían a las 20 horas, pero lxs piñaterxs se encontraron un rato antes (y entraron mucho después), excepto aquellxs impacientes que, aún faltando media hora para la hora que la banda había anunciado el inicio del show, ya se encontraban adentro y cuyas risas y cantos se escuchaban desde afuera. 

Siendo puntuales tal cual habían adelantado en el evento de Facebook, la banda salió al escenario a los pocos minutos de que el reloj marcara las 22. El telón se abrió al son de Blanco fácil, la emoción invadió el teatro, donde había gente por donde miraras. Con una mezcla de melancolía y reivindicación, el público recibió una seguidilla de temas que hablan del amor de una forma desencantada, quizás resignada, pero sin llevarte a las lágrimas. Como en clave de cierto apoyo, había quienes se abrazaban para cantarle al pasado. 

El escenario se fue tiñendo de luces rojas a medida que pasaban las primeras canciones, y Panter dio el puntapié inicial de la noche con una frase muy cierta: “Creamos una linda lista para hoy, espero que la disfruten”. Aparecieron como respuesta los primeros cánticos, algo que caracteriza al público de De La Gran Piñata, “soy piñatero, es un sentimiento”, y “¡piñatero carajo!” fueron cantados a lo largo de la velada en cada espacio que se podía. El sentimiento de pertenencia que siente este público con su banda es algo que se contagia.

Con Polvo y arañazos apareció el primer trapo, algo que no podía faltar. En el escenario, los integrantes se miraban cómplices y sonrientes mientras abajo se coreaba hasta los solos de guitarra. En las rondas de pogo que se abren y se cierran, incluso ahí, el público mira hacia cualquier lados con los brazos levantados, cantando. Algunos de ellos imitan las letras de las canciones, otros simplemente parecen cantárselas a la nada, o mejor dicho a algo (alguien) que no está ahí.

Panter utilizó un anuncio para hacer una transición entre los sentimientos de la noche. Adelantó que el disco nuevo estaría disponible en unas semanas para nosotros, para ellos en tan sólo unos días. Con esa mezcla de sensaciones, de la emoción de lo nuevo y ¿por qué no? la incertidumbre de qué es lo que se vendrá, la sala se tornó azul. 

Hay quienes dicen que es el color de la tristeza, y de la mano de este llegaron las canciones melancólicas. A dónde se nos fue el sol trajo consigo una serie de abrazos, acompañados de lágrimas. Amigxs y también desconocidxs se acercaban, otros se abrazaban a sí mismos. Lo que nos hace feliz a quienes nos gustan los recitales, son momentos como estos en los que en una canción te descargas. Las lágrimas salen sin importar, porque la letra te cala tan profundo que sólo te dejas llevar por el momento. Lxs piñaterxs, por suerte, tienen muchos momentos para hacerlo. 

Siguiendo con la onda melancólica, uno de los temas nuevos de la banda se hizo eco y aparece en el podio de los mejores de la noche. Muy bien recibido por la gente, Instante se cantó como si la hubiéramos escuchado desde siempre. Con esto quedó demostrado que el cuarto disco de la banda es esperado con ansias, sabiendo que como sus antecesores, no defraudará a lxs seguidorxs de la banda.

La onda de DLGP bien sabemos que es llevarnos de un sentimiento al otro. Es un vaivén constante de sensaciones, de canciones que no sabemos si bailarlas o llorarlas. Pero su público se acostumbró bien a ello y por sobre todas las cosas, a las canciones las sienten.

La noche siguió sin contratiempos con un recorrido entre temas nuevos y viejos. Imposible no contagiarse de lxs piñaterxs que, en los últimos temas, abrieron rondas de pogo que ocupaban casi todo el centro del teatro. La fiesta característica, lo bien que se recibieron los temas nuevos y los interminables cánticos demuestran que no pararan de inflar esta gran piñata. 

Tu can cerró una de las noches más calurosas del invierno platense, donde hacia rato varias personas andaban sin remera, con alguna que otra birra en mano. Los integrantes de la banda se abrazaron entre ellos, mientras el público cantaba la ausencia de la noche: La historia de la mosca y la araña.

El telón se cerró pasadas las doce, y el público lentamente fue abandonando la sala. De toda la noche, me quedo con esto: "Hay que saltar, hay que saltar, De La Gran Piñata al Luna Park"Esperamos reencontrarnos en las siguientes fechas de La Trastienda y Quilmes para sumar a nuestros recuerdos, noches tan memorables como esta. 

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