Celebramos los sueños con Jeites


En la ciudad de Bahía Blanca, un galpón decorado con una onda alegre y mística se convirtió en el lugar donde muchxs decidieron pasar la noche del día del amigo. Con entradas agotadas, Jeites llenó El Peladero con un recorrido a través de todos sus discos, haciendo de este 20 de julio una noche memorable.
Por: Rocío Rodríguez / Fotos: Ivi Gómez

El Peladero, como dijeron luego, es un lugar que banca el arte hace mucho tiempo. Parecido a un quincho, da lugar a un público totalmente heterogéneo. Está la bola de boliche girando cerca del escenario, luces verdes por todos lados. Al fondo, un pool, una family; cosas que le dan un aspecto familiar y tranquilo. Queda casi a las afueras de la ciudad, y después de tres días seguidos de lluvia, el lugar era un barrial, pero no importó. El lugar se llenó de gente hasta el fondo, y con vasos en la mano, nenxs a caballito y muchas risas, se pasó la velada.

Lxs siete integrantes de la banda premiaron la puntualidad de sus oyentes haciendo un pequeño acto a las diez de la noche. De un costado y entre la gente, salieron junto a dos acróbatas a cantar Dile adiós al sol. Ahí, con el público rodeándolxs, cantaron sin la necesidad de micrófonos, con sus instrumentos, mientras dos chicas los rodeaban con aros luminosos. Aprovecharon la ocasión para manifestar que el arte callejero no es delito, haciendo hincapié en los hechos ocurridos en las últimas semanas, donde clowns, artistas callejeros y demás, salieron a las calles a reivindicar su arte.

Volvieron adentro para salir nuevamente media hora después. La música subió de repente y con un tema de Serú Girán de fondo, empezaron a subir al escenario; más que escenario, plataforma a menos de un metro del suelo. La imagen daba la de un pequeño circo, ancestral, que con sus caras pintadas vienen a contarnos historias fantásticas a través de sus canciones. Ningunx de lxs integrantes se quedaba quieto, los rulos del vocalista iban de acá para allá. Esa energía que tienen en el escenario, nos la transmitieron a nosotrxs, que no tuvimos un minuto de quietud durante las horas que pasaron. 

“¡Al fin volvimos a encontrarnos!”, dijo Joaquín Varela, con todxs lxs vocalistas de esta banda al frente del escenario. “Feliz día amigos, amigas”,  desencadenó un vitoreo entre la gente que acompañó bien arriba al siguiente tema, La capital. Vimos reflejada la capacidad de cada unx de ellxs arriba del escenario, en momentos como en los que Tomás, el bajista, no sólo estaba tocando el bajo sino que también la armónica, con una facilidad difícil de creer. El amor que sienten por la música se ve cuando están así, hasta en el último detalle para que sus canciones no queden sólo en grabaciones. Es en vivo, se escucha y se siente a la par.

El ambiente estaba muy tranquilo, no de silencio, sino de una comodidad poco comparable con otros recitales, que si cerrabas los ojos parecías perderte entre la gente. Había risas por todos lados, aplausos al ritmo de las canciones, que se enganchaban unas con otras aprovechando todo tiempo posible. 

Los momentos de mayor éxtasis fueron intercalados con pequeños acústicos, como Quiero estar. El público se daba la mano, cantaba al oído y en algunos lados lxs afortunadxs se daban besos. Las luces del escenario jugaban con nosotrxs, en algunos temas estábamos a oscuras, en otros nos volvíamos protagonistas, como en Si vos querés, donde el público tuvo el rol de coristas diciendo “tic-tac” al compás.

Cerca del final, la alegría era ya ineludible. En el escenario bailaban en ronda, nosotrxs en el lugar. Se escuchaban cánticos, “vamos Jeites”, uno que según la banda sólo se canta en Bahía. Las personas se movían en todas direcciones, los brazos bien arriba, nadie se ponía de acuerdo en cómo moverse, se trataba de sentir la música uno mismo, como si estuvieras solo en ese mar de gente. 

Estabamos a los saltos, tanto arriba como abajo del escenario. Como si fuera una competencia donde el que deja de moverse, pierde, resulta imposible quedarse quietx ante las melodías pegadizas de Jeites. El momento de pogo fue con Los guachos, la gente se abrazaba entre saltos y trataba de llegar lo más cerca posible del escenario, del que nada la separaba. 

Algo propio de esta banda es no quedarse callada ante las revoluciones que se suceden cada día, y así como se manifestaron con el arte callejero, de la mano de Vamo’ los pibes, en la parte que suena “vamos las pibas, el mundo es nuestro” se hizo presente el pañuelo verde que tan bien conocemos. Reivindicaron la libertad de elegir de las mujeres, que en respuesta a aquel apoyo aplaudieron mientras otros pañuelos verdes se dejaban ver entre el público.

Cuando terminó, realmente nos quedamos con ganas de más. No porque le faltó algo, sino que gusta tanto que no queres que termine nunca. Se ve su arte más allá de la música, se ve la emoción con la que lo hacen. Las risas en el escenario, la expresión corporal que maneja cada unx, pareciera ser un juego para ellos. Están viviendo el sueño y nada mejor que poder acompañarlxs en esto. 

¡Que lindo encontrar que en Bahía tengo tu hogar!, hasta la próxima vez. Esperamos que puedan venir en verano y apostar por el gran patio de El Peladero, que estamos segurxs de que lo van a copar.

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